jueves, 5 de enero de 2012

LA EDUCACIÓN UTILITARIA EN MÉXICO


Mariel Manríquez Ramos

Desde los últimos años, las transformaciones sociales parecen presentarse tan aceleradamente debido a la globalización y las tecnologías. En un mundo donde se le apuesta a la producción de conocimiento técnico más que al conocimiento filosófico, la institución educativa mexicana promueve la formación de sujetos dispuestos a asumir y producir un sistema económico que amenaza con consumir todo lo que encuentre en su cauce. Prueba de ello es la abrupta supresión de la filosofía en las preparatorias que la Secretaria de educación Pública lleva acabo en el 2009 por medio de la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS). La educación que implica un pensamiento abstracto y que fomenta la creatividad y el cuestionamiento del mundo, es fuertemente menospreciado debido a que el sistema económico-político y social se mantiene por el consumismo desmedido y el trabajo efectivo. Entonces, la tarea principal del presente artículo es evidenciar cuál es el papel del sistema educativo mexicano en la formación de sujetos tecnificados con el único objetivo de entrar al mercado laboral.

El marco social que se percibe actualmente permite reconocer la posición de la institución educativa frente a las transformaciones de la realidad. Es decir, la velocidad del mundo globalizado y la cultura que se genera a raíz del cambio vertiginoso impactan fuertemente en la educación. Por tal motivo, el sistema educativo no sólo en México sino en todas las sociedades globalizadas, tiende a promover una educación funcional y tecnicista.
La institución educativa promueve una educación utilitaria cuyo objetivo es la formación de “personas empleables”. Es decir, la meta principal de la educación en México es preparar a los jóvenes hacía una función determinada para lograr mantener el orden actual sin que ello conlleve la construcción o transformación de las cosas. Dicha premisa se debe a que el énfasis se apoya en la cuestión productiva más que en la cuestión crítica del conocimiento. Claro ejemplo resulta del discurso que emite la Secretaria de Educación Básica acerca de los objetivos generales de la educación:
“Garantizar que todos los niños y jóvenes que cursen la educación básica adquieran conocimientos fundamentales, desarrollen competencias, valores y comportamientos necesarios para alcanzar una vida personal y familiar plena para ejercer una ciudadanía responsable y comprometida, participar en el trabajo productivo y continuar aprendiendo a lo largo de la vida.” (2011)

El argumento muestra sutilmente la omisión de la crítica y el cuestionamiento para la construcción del mundo, al tiempo que manifiesta la sumisión al sistema económico-político actual.
Cabe señalar que el nuevo modelo pedagógico por competencias puede tener una correlación  con la percepción utilitaria de la educación, ya que desde sus orígenes se puede ligar al mercado. El concepto de competencia ya se utilizaba en el campo de la psicología y de la lingüística. Dicho término lo retoma el campo empresarial re-definiendo el concepto entendido como la adquisición y definición de destrezas y saberes que hagan a las empresas competitivas, íntimamente ligado a la eficacia y la rentabilidad productiva. De esta manera, el término competencias se distancia en demasía de la definición que hace Chomsky afirmando que el concepto competencia se puede entender como: "capacidades y disposiciones para la interpretación y la actuación" (1957). Cuando el término se retoma de la formación empresarial se corre el riesgo de entender la enseñanza educativa como un “instrumento” para lograr un “producto final” que es la formación de seres “productivos y funcionales”.
En este sentido, debo hacer un espacio para poder analizar el lenguaje que se emana del discurso del modelo por competencias, puesto que las palabras que puntualizo anteriormente están estrechamente vinculadas al sector empresarial. Los términos que regularmente se utilizan dentro del espacio educativo en la formación de docentes tienen que ver con conceptos como productividad, eficacia, destreza, calidad, cantidad, etc. Tal es el grado de recurrencia hacia estos conceptos mercantiles que muchos de los estudiantes y profesionales de la educación muestran imágenes o se auxilian con ejemplos referentes a las corporaciones para poder dar cuenta de la función que tiene la educación por competencias. ¿Por qué se refiere al mercado cuando se habla de este modelo educativo?, ¿El modelo por competencias obedece a una demanda económica y laboral que obliga a la educación a formar seres preparados para el mercado? De ser así, es fácil suponer que el concepto que prima es el de competitividad.
Según Rocío Andrade Cázares quien es Licenciada en Pedagogía y M. en C. de la Educación, en su artículo llamado “El enfoque por competencias en educación afirma que:

“El enfoque por competencias en educación, aparece [en México] a fines de los años sesenta relacionado con la formación laboral en los ámbitos de la industria, su interés fundamental era “vincular el sector productivo con la escuela, especialmente con los niveles profesional y la preparación para el empleo. Sin embargo, la noción de competencia toma una vertiente distinta, cuando pasa del ámbito laboral al aspecto cognoscitivo, para promover el desarrollo de competencias educativas -intelectuales- en donde se vinculan los conocimientos, habilidades, actitudes y valores, con la finalidad de dar una formación integral (hay que recordar que en general los programas escolares están más enfocados al desarrollo de conocimientos, descuidando las otras esferas del saber)” (2008, Pp. 2)

El modelo educativo por competencias es una educación integral basada en cuatro pilares (saber, saber ser, saber hacer, saber pensar). En este sentido, Cázares refiere a que los pilares de la educación por competencias tomadas desde el interés laboral al aspecto cognoscitivo son entendidos para promover un desarrollo pleno. Sin embargo, considero que el modelo educativo por competencias no se ha alejado del carácter que lo funda, precisamente porque es la demanda económica la que lo constituye.  El saber-hacer es el pilar que mayor resonancia tiene para una gran parte de los profesionales de la educación, puesto que la tarea fundamental radica en preparar a los alumnos hacia un futuro profesional "exitoso".
El fomento para el desarrollo de un pensamiento lógico, lineal y funcional es importante, ya que le permite al estudiante insertarse en el campo laboral que reclama este tipo de competencias. Sin embargo, el pensamiento crítico que posibilita la construcción de formas y sentidos para entender el mundo y transformarlo es constantemente reprimido y subestimado.
Concluyo parafraseando a  J. Etcheverry cuando dice que el sujeto no se presenta como reproductor social, como un ser instituido, también es instituyente y transformador, sujeto creador de su contexto, y como ser creador tiene la capacidad de adquirir conciencia crítica (1999). La conciencia crítica permite moverse de lugar, cambiar el mundo, crear cosas nuevas, transformarse. Por tal motivo los profesionales de la educación deben concientizarse de la importancia que implica la formación de sujetos críticos que permitan la generación de nuevas formas de pensar el mundo.